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Jordi Pujol y el arte del marketing

Marc 9 January 2023 54 comments

Jordi Pujol.

La ciencia del Marketing o el arte del Marketing. Como lo prefieran nombrar. Viene a aglutinar todas aquellas astucias, artimañas, arterías, que desde tiempos muy remotos el ser humano ha echado mano con la finalidad de atraer, captar y fidelizar a clientes – o votantes – a través de satisfacer sus deseos y resolver sus problemas. Bueno, satisfacer, satisfacer… con hacer ver que se intenta ya es suficiente. De ahí que la famosa frase “la intención es lo que cuenta” tenga cierta dosis de ironía – especialmente en el ámbito político – donde muchas veces las promesas son más importantes que los hechos.

Jordi Pujol seguramente entonces desconocedor del término, como la mayoría de nosotros, ya lo empleaba tal y como está definido en el diccionario: Conjunto de técnicas y estudios que tienen como objeto mejorar la comercialización de un producto. Pero claro, el producto naturalmente era él mismo.

El día que vino a comer al Restaurante El Greco, en Sitges, los presentes aquella tarde pudimos presenciar una master-class magistral de marketing, una lección práctica, una experiencia real digna de ser debatida y estudiada en las mejores universidades.

A media mañana recibimos una llamada telefónica solicitándonos una reserva de dos mesas para el servicio del mediodía; una para tres y otra para dos comensales. La primera a nombre del: “Molt Honorable Senyor Jordi Pujol, President de la Generalitat de Catalunya” que me dicen: vendrá acompañado de su esposa Marta Ferrusola y de la madre de la señora Ferrusola, es decir: su suegra. Y la otra mesa para su guardaespaldas y para su chófer. Les propongo que se instalen en el reservado y así procurarles más privacidad y seguridad, pero me responden que: – No gràcies, moltes gràcies, no serà necessari. Lo primero que se me ocurre pensar es que el President quería comer, pero también quería que le vieran comer. Primera lección de marketing.

Hacia las catorce horas vemos acercarse desde la esquina del paseo de la Ribera con avenida Sofía un elegante sedán oscuro. Al aviso, todo el servicio se pone firmes y se moviliza formando una fila para recibirles al estilo de las escenas de la serie Downtown Abbey; mayordomo y resto de séquito. Puestos a imaginar podríamos haber escenificado también la película “Bienvenido Míster Marshall” comedia berlanguiana del año 1953 con Pepe Isbert. Pero por suerte, ese día no disponíamos de ninguna fanfarria.

El coche oficial llega a nuestra altura aminorando la velocidad, pero de pronto acelerar y pasa de largo. Estupefactos, nos preguntamos: ¡qué ocurre! ¿Puede ser que quieran dar la vuelta? de forma que el coche pueda acercarse más a la puerta del restaurante. No, tampoco, porque, a apenas doscientos metros, el coche se detiene y vemos bajar de su interior al señor Pujol y a su guardaespaldas. Suben los dos al paseo, un paseo por cierto, muy frecuentado ese día, por ser un precioso día de fin de semana de invierno muy soleado. El señor Pujol, vigilado sigilosamente, a cierta distancia por su guardaespaldas, se dirige solo hacia un funcionario del servicio público de limpieza que acometía su labor ayudado de su inseparable escoba. Apercibimos desde la distancia como el empleado nos señala alargando su brazo y apuntándonos con su dedo índice, al estilo Cristóbal Colón. Nos suponemos que el President le habrá preguntado dónde estaba el Restaurante El Greco y que él le habrá dicho que allí. A continuación, vemos que los dos emprenden juntos el camino, acompañados de la escoba y del carrito. El barrendero no debía entender nada y se debía preguntar, al igual que nosotros al principio, porque luego lo entendimos; ¿por qué el President necesitará que le acompañe hasta la puerta del restaurante? si no hay pérdida, está a apenas doscientos metros. Todo esto sucedía, naturalmente, ante el asombro de los muchos transeúntes, que se habían detenido y, que le iban abriendo paso. Otra lección de marketing.

El coche prosiguió con el resto de sus ocupantes hasta la punta, el final del paseo, donde dieron la vuelta y volvieron. De esta forma concedían el tiempo necesario para que el President llegase andando al restaurante charlando con su acompañante. Una vez llegaron, el Molt Honorable se despide fraternalmente de su nuevo amigo apoyando sus manos en los hombros, simulando un abrazo. Excelente foto para una propaganda electoral. Otro tanto de marketing.

 

 

Una vez reunido de nuevo el grupo al completo, el jefe de protocolo de l’Ajuntament de Sitges que había acudido a esperarles les da la bienvenida. Dejamos atrás la terraza y entramos a la sala interior del restaurante donde estaba su mesa esperándoles, momento que el President aprovecha para saludar uno a uno a todos los miembros del servicio que aguardaban a su paso. Casualmente ese día, estaba comiendo también el señor Soler, cofundador de la empresa S&P, Soler & Palau, coetáneo y supuestamente amigo del señor Pujol porque al verse los dos se saludaron de manera muy cordial y efusiva.

Una vez acomodados y tras mirar la carta me acerqué a tomarles la comanda. Encargaron una comida sin grandes lujos, me pidieron canelones de “rostit” que claro está no teníamos en la carta. Les ofrecí como alternativa unos creps de marisco con una salsa Cardinal que era un plato delicioso pero que declinaron. Acabaron comiendo, un poco a regañadientes, tres pudines fríos de puerros y gambas de entrante y lenguados a la meunière como plato principal.

Debió ser una comida generosa, o que estaría muy cansado, porque al terminar de comer, el President se cogió las manos, las entrelazó sobre su pecho, y apoyando su cabeza en el respaldo de la butaca se… durmió, unos buenos veinte minutos. Mientras disfrutaba de su siesta la señora Ferrusola y su madre debatían cómodamente asuntos propios de carácter privado y doméstico.

En vistas de que se acercaba la hora de pedir la nota, el señor Soler me llama y, medio tapándose la boca con su mano me susurra: – Em pot portar la factura? i em portarà també la factura del senyor Pujol. A lo que le respondí: – no sé si puc senyor Soler, hauré de preguntar-li al President, si no li sap greu.

Advertido por el señor Soler de que eran amigos desde hacía muchísimo tiempo y que quería aprovechar la ocasión que se le presentaba para mostrarse agradecido por ciertos favores acaecidos en el pasado, me dirijo a la mesa del President y, prudentemente, acercándome a su oído le informo de las intenciones de su amigo. A lo que responde incorporándose sobresaltado de su butaca y alzando la voz, seguramente para que le oyera todo el comedor, que no quería que nadie le invitara, que muchas gracias pero que la cuenta la pagaba él, “no se’n parli més” sentenció. Es cuando el señor Soler, ayudado por su acompañante-secretario-chófer se levanta y acercándose a la mesa del señor Pujol, en medio del comedor y a voz alzada, le informa que es él el que le quiere invitar y que no le podía negar tal honor. El President, sin tomarse ningún tiempo para pensárselo, levantando una mano, bajando la cabeza y previo toser dos veces, dice: – Ah! Josep, si ets tu sí que em deixo convidar però, perquè veig que insiteixes molt -. Otra gran escena de marketing y de puño cerrado.

Me gustaría saber con cuántos followers podría haber contado, en sus tiempos, el presidente Jordi Pujol, si hubieran existido las redes sociales. No lo sé, pero astuto como el que más, carismático y con el gran poder de persuasión que le caracterizaba, además de que manejaba la narrativa política como nadie, no dudo que la hubiera petado. Lástima que detrás de la figura siempre está el hombre; el hombre y sus debilidades. Pero como diría él: – Escolti! Això ara no toca!

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